Tipos de turistas que te encontrarás en Barcelona (y alguno te caerá bien)
Barcelona es un imán para gente de todas partes. Vienen por el sol, por Gaudí, por la fiesta o porque vieron una foto en Instagram y pensaron “ahí tengo que ir aunque no sepa dónde está”. Lo que nadie te cuenta es que la ciudad no solo tiene edificios modernistas, también tiene turistas de colección. Cada uno con su estilo, su idioma y su forma muy suya de caminar por el centro como si estuvieran en un museo… o en su casa.
El guiri clásico: camiseta sin mangas y cara roja
El guiri de manual es fácil de detectar. Generalmente lleva sandalias con calcetines, una botella de agua del súper y un mapa que ya ni necesita, pero le da seguridad. Normalmente viene del norte de Europa y se quema el primer día. No es que tome el sol, es que lo desafía.
Habla fuerte, no entiende nada, pero siempre está de buen humor. Se emociona con la paella congelada de las Ramblas y le dice a su familia que probó «comida típica». Se hace fotos con todo, incluso con cosas que no son turísticas, como farolas o bancos de plaza. Le da igual. Está feliz. Se nota.
El viajero bohemio: «yo no soy turista, soy explorador»
Este es fácil de reconocer porque odia a los turistas. Él dice que ha venido a descubrir “la auténtica esencia de la ciudad”, y por eso se aloja en un hostal donde la ducha no funciona desde 2004. Siempre tiene una libreta o un libro de poesía en el bolso (de tela, obvio), y va en bici aunque no sepa bien por dónde va.
Come en sitios donde el menú está solo en catalán, no por convicción política, sino porque cree que eso lo hace más auténtico. Dice “gràcies” con acento francés y no se le entiende, pero no pasa nada. A veces se queda tanto tiempo que termina trabajando en un bar en el Raval sin papeles, pero con muchas historias.
El grupo Erasmus: fiesta de lunes a domingo
Estos no vienen a ver la Sagrada Família, vienen a sobrevivir al Razzmatazz. Están en Barcelona tres meses (o seis, si repiten carrera), y lo único que ven de la ciudad es el metro de madrugada y las escaleras de su piso compartido.
Van en manada, beben como si no hubiera mañana y siempre tienen un amigo que toca la guitarra mal pero insiste. Hablan cinco idiomas en una misma frase y nunca saben qué día es. Si los ves por la calle, probablemente estén buscando un kebab o preguntando dónde está la siguiente “fiesta en la playa”.
El turista despistado nivel dios
Estos no saben si están en Barcelona o en Lisboa. Llegaron en crucero, tienen solo seis horas y están convencidos de que les dará tiempo a todo. Quieren ver el Camp Nou, el Parc Güell, el mercado de la Boquería y subir al Tibidabo… en flip-flops.
Suelen preguntar cosas como “¿Dónde está el centro?” mientras están en la Plaça Catalunya. A veces intentan pagar con libras. Lo bueno es que siempre tienen cara de estar viviendo el mejor día de su vida, aunque estén perdidos en el metro dirección Hospital de Bellvitge.



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